Carlos Miguel Prieto: “Lo que parece un problema siempre acaba siendo una oportunidad”

Desde Polonia, el director artístico de la Sinfónica de Minería habla con Revista Cosas sobre la temporada de verano 2026, los retos de tocar sin la Sala Nezahualcóyotl, la fidelidad del público mexicano frente al Mundial y el legado de compositores como Silvestre Revueltas y Antonio Juan-Marcos

Hay directores que dirigen orquestas y hay directores que dirigen comunidades. Carlos Miguel Prieto, al frente artístico de la Sinfónica de Minería, pertenece claramente al segundo grupo. Lo entrevistamos a distancia, mientras se preparaba para un concierto en el Centro Penderecki, casi en la frontera entre Polonia y Ucrania, antes de continuar su gira hacia Berlín y otra ciudad alemana. A miles de kilómetros de la Ciudad de México, con la temporada de verano de la orquesta ya en su recta final, Prieto habla con el mismo entusiasmo con el que —según confiesa— llega temprano a cada concierto para subirse al podio y revisar si su atril está a la altura correcta.

De la Nezahualcóyotl a Bellas Artes y Ollin Yoliztli: una mudanza que se volvió reencuentro

La edición 2026 de la tradicional temporada de verano —que se desarrolla del 4 de julio al 30 de agosto, alternando el Palacio de Bellas Artes y la Sala Silvestre Revueltas del Centro Cultural Ollin Yoliztli— nace de una ausencia: este año la orquesta no cuenta con la Sala Nezahualcóyotl, su casa histórica, actualmente en obras. Para Prieto, sin embargo, la mudanza no representa una pérdida sino una ganancia disimulada. “El hecho de que la Nezahualcóyotl no esté no es un problema, sino una oportunidad”, explica. “Me conviene que tenga mejores escaleras para las personas que van a los conciertos, mejores instalaciones para los músicos. Es algo que yo no puedo controlar y que además redundará en un beneficio para todos.”

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El resultado, dice, ha sido una reconexión inesperada con públicos y espacios que la orquesta no visitaba desde hace años: Ollin Yoliztli, donde no tocaba desde 2002, y el Palacio de Bellas Artes, ausente desde 2022. Ahí, apunta, ha llenado la sala en dos ocasiones consecutivas y ha reencontrado “muchas amigas, amigos” de una etapa en la que se presentaba casi semana tras semana durante 16 años. “Lo que parece como un problema siempre acaba siendo una oportunidad de redefinirse, de tocar de una forma diferente, de conectar con el público de forma diferente.”

Resistir al Mundial: la lealtad de un público que no cambia de canal

Tocar en pleno verano de un año mundialista trajo, además, un reto muy concreto. Durante las semanas del Mundial, cuenta Prieto, circuló la posibilidad de que el horario de uno de los conciertos se recorriera para no empalmarse con un partido de México. “De repente, el jueves, nos cayó la amenaza de que nuestro concierto iba a ser a la misma hora que el partido”, recuerda. Su decisión fue mantener el horario original: “Yo lo que me pongo es en los zapatos del público que viene al concierto y que quizá no le interesa tanto el Mundial como a mí.”

El resultado desmintió cualquier temor: tres cuartas partes de la sala se llenaron pese a la competencia directa con la pantalla. “Hay que confiar en que el público es fiel y que quiere estar ahí. Quien quiere estar ahí, está; y quien no, pues no pasa nada.” Es, dice, la tercera vez que dirige conciertos durante una final mundialista sin haber cambiado nunca el horario por el futbol.

“Lo que parece como un problema siempre acaba siendo una oportunidad de redefinirse, de tocar de una forma diferente, de conectar con el público de forma diferente.”
  — Carlos Miguel Prieto

Juan Rulfo en clave sinfónica: el triunfo de “Canto de Macario”

Entre las noticias que más entusiasman a Prieto este año está el reconocimiento internacional obtenido por el compositor mexicano Antonio Juan-Marcos, cuya obra “Canto de Macario” —inspirada en el cuento homónimo de Juan Rulfo, incluido en El llano en llamas— fue comisionada y estrenada por la Sinfónica de Minería y recientemente premiada en los Global Music Awards. “Me parece que es súper relevante que una obra de un compositor mexicano haya ganado un premio así”, dice Prieto, gran lector y admirador de Rulfo. “Es una obra muy sincera, muy poética y muy paralela al cuento.”

La pieza, adelanta, será grabada próximamente, aunque Prieto pidió al propio compositor retrabajar el final: “No lo digo en demérito de él, sino al revés: la obra tuvo una importancia y una belleza significativa, y la quiero grabar con ese final.” Es, subraya, parte de una misión de largo plazo de la orquesta: comisionar, estrenar y —finalmente— grabar el catálogo de obras mexicanas contemporáneas que ha impulsado a lo largo de sus cinco décadas de historia.

El privilegio de los manuscritos: reescribir un final con Silvestre Revueltas

La conversación sobre finales reescritos lleva a Prieto a otro proyecto central de la orquesta: el acceso directo a los manuscritos originales de Silvestre Revueltas, a través de especialistas dedicados al estudio de su obra. Ese trabajo de archivo, cuenta, ha revelado que el propio Revueltas retrabajaba con frecuencia los finales de sus piezas. El ejemplo más claro es Itinerarios, obra en homenaje al exilio español que la orquesta grabó el año pasado con su final revisado —“lento, triste”— después de que Prieto dirigiera, muchos años atrás en Jalapa, la versión original, más “chata” y “banal”.

Ese contacto con el archivo, dice, es un privilegio que además conviven con el vínculo directo con compositores vivos como Gabriel Ortiz, presente en cabina durante las grabaciones. “Minería es una orquesta mexicana y yo creo que debe apoyar no solo a los músicos orquestales en México, a los solistas mexicanos, sino también a los compositores y a ese grupo fabuloso de artistas que hay en México: actores, creadores teatrales, literarios, artísticos, ingenieros, arquitectos, pintores. Ese es el mundo de Minería, y ese es el que me siento privilegiado de habitar.”

“Minería es una orquesta mexicana y debe apoyar no solo a los músicos orquestales, sino a los compositores y a ese grupo fabuloso de artistas que hay en México.”
  — Carlos Miguel Prieto

Lo que resta de la temporada: de Mozart a la Missa Solemnis

Antes de regresar a México en uno de sus característicos vuelos nocturnos, Prieto adelanta el cierre de la temporada. El fin de semana del 15 y 16 de agosto, la orquesta presenta el único programa íntegramente dedicado a Mozart —Sinfonía núm. 33, Concierto para piano núm. 22 con Anne-Marie McDermott y la Sinfonía núm. 40—, antesala de un programa ruso-mexicano el 22 y 23 de agosto con Trajín, de Alejandra Odgers; el Concierto para piano núm. 3 de Rajmáninov, y Petrushka, de Stravinski.

La temporada cierra los días 28, 29 y 30 de agosto con la Misa Solemnis de Beethoven para coro, orquesta y cuatro solistas, una gala que —a diferencia de otros años, más volcados a obras “taquilleras”— apuesta por una pieza profunda y de gran formato. El calendario incluye además el tradicional concierto benéfico a favor de la niñez mexicana, el 3 de septiembre en el Auditorio de la Universidad Anáhuac del Norte, junto con Save the Children, con un programa de Silvestre Revueltas que incluye La noche de los mayas y El huapango, obra que cumple 85 años.

Al escuchar a Prieto describir cada reto —una sala ausente, un Mundial, unas escaleras sin barandal— como una puerta hacia algo mejor, queda claro que la flexibilidad no es solo un rasgo circunstancial de la Sinfónica de Minería en 2026: es, según su propio director artístico, la característica que ha definido a la orquesta a lo largo de su historia, y la que le ha permitido seguir tocando.

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