Mauricio Abad contesta la llamada diez minutos tarde y se disculpa entre risas: está rodando en Lima, su ciudad natal, adonde ha vuelto para grabar Valentina Valiente, la nueva producción del canal peruano Latina. No es la primera vez que el país lo recibe para un proyecto, también grabó ahí una telenovela durante la pandemia, pero llega en un momento distinto de su carrera: con series para ViX y Apple estrenando casi al mismo tiempo, más de un millón de seguidores entre Instagram y TikTok, y casi una década viviendo en México, el país que, dice sin dudar, hoy también es suyo.

La paciencia como estrategia de carrera
Formado en el CEA de Televisa y con más de siete años de trayectoria desde su debut protagónico en Like, la leyenda (2018), Abad describe su oficio como una carrera de resistencia más que de velocidad. “Yo creo que al final esta carrera es de mucha paciencia, de mucho esfuerzo, de mucha dedicación”, dice. “Al final, si quieres vivir sobre la carrera, sobre el arte, es muy complicado. Tienes que ser muy fuerte para poder resistir cuando hay años en los que no puedes trabajar, o trabajas muy poco.”
Ese aprendizaje, dice, es lo que le permite hoy sostener un ritmo de trabajo que hace apenas unos años no imaginaba. “Gracias a Dios en los últimos años ya han estado saliendo cosas muy seguidas, y pues tratando de capitalizar, de ahorrar y tener cabeza fría, porque esto es así: un momento estás arriba, después abajo.”

De los rollos de película al iPhone en un dolly
Parte de lo que ha mantenido a Abad vigente, dice, es su disposición a adaptarse a los formatos que está imponiendo el streaming. Este año fue parte del elenco de la primera producción vertical en español de Apple, experiencia que después repitió con un proyecto similar para ViX. “Es una locura”, cuenta, “pero hablando con los mismos directores o con la gente de cámara me dicen: yo estaba en los ochentas llevando los rollos que eran pesados, y ahora estoy trabajando con un teléfono.”
En el set de Apple, señala, la producción llegó a montar una grúa dedicada exclusivamente a sostener un iPhone, con lentes intercambiables que convertían al celular en una minicámara de cine. Para Abad, la lección es generacional tanto para el talento frente a cámara como detrás de ella: “Siento que los que se actualizan más y los que están muy rápido con ese chip son los que constantemente siguen trabajando.”
Generaciones que ya no ven la misma pantalla
Esa misma reflexión tecnológica lo lleva a hablar de audiencias. Recuerda que hace años le preguntó a una de sus sobrinas, entonces de cinco años, cómo veía sus contenidos, pensando en una producción hecha para televisión. “Me decía que ella no veía la televisión en esa pantalla grandota: su vida se vivía en un teléfono celular. Jamás creía que iba a haber algo en una pantalla grande.” Del otro extremo generacional está su abuela, que sigue escuchando sus noticias todos los días en la misma estación de radio, a la misma hora. “En su cabeza está mentalizado ese horario con esa persona que le da la noticia, donde ella se siente cómoda”, dice Abad. “Y yo las veo en un canal que sigo en internet, siempre actualizándome. Es una locura.”

“Creo que lo mejor que se puede hacer ahorita es agradecer, disfrutar cada momento, porque quién sabe cuándo vuelvas a estar rodando 24/7.”
— Mauricio Abad
Un rodaje hermético: la disciplina detrás de una producción de Apple
De todos los sets en los que ha trabajado, el de Apple es el que más lo marcó por su nivel de organización. “Son de las producciones con las que me he sentido más tranquilo y ha sido una experiencia muy de cine”, dice. “Te daban todo con mucha anticipación, grababas seis escenas al día, preparabas mejor un personaje, no estás corriendo contra el tiempo.”
La disciplina llegó a un extremo poco común: el equipo firmó acuerdos de confidencialidad y entregó los teléfonos celulares al llegar al set, sin excepción. “Fue un proceso de cómo llevas la ansiedad, cómo lo puedes manejar. Al final fue muy bonito, porque le dabas mucha fuerza y mucha entrada a tu personaje: no te desconcentrabas con el teléfono, el papel te daba otra sintonía.”
Interpretar a un inmigrante, siendo inmigrante: La Encrucijada
El otro gran estreno del año es La Encrucijada, la serie de drama y romance que ViX lanzó el 10 de julio, producida por Atresmedia, Secuoya Studios y la productora turca Ay Yapim, y basada en el éxito Sühan: venganza y amor. A lo largo de 60 episodios, la trama sigue a César (Rodrigo Guirao), un hombre que regresa a España para vengarse del cacique que destruyó a su familia, y a Amanda (Ástrid Janer), hija de su peor enemigo.
En esa historia de secretos familiares, Abad interpreta a un joven latino inmigrante que busca abrirse camino legalmente en España, un personaje con el que —dice el propio actor y confirma el material de prensa del proyecto— conectó de forma directa por su propia experiencia migrando de Perú a México y, después, trabajando en Europa. La serie lo coloca junto a un elenco de peso en la televisión española, con Abel Folk, Silvia Marsó y Antonio Velázquez, entre otros.
“Ciudad de México es como Los Ángeles de Latinoamérica. Todos los artistas que quieren crecer a nivel internacional tienen que estar en México.”
Mauricio Abad
México, el país que también llama suyo
Abad llegó a México en 2016 para formarse como actor y nunca se fue del todo. “México, después de Perú, obviamente se volvió mi país, mi lugar. Llevo casi la mitad de mi vida en un lugar donde me siento muy cómodo, donde puedo comer bien, donde tengo buenos amigos.” Desde ahí ha construido una carrera que hoy también lo lleva a España y de regreso a Perú, sin perder de vista una crítica que hace con cariño hacia la región: “A veces los mexicanos —y los latinoamericanos en general— volteamos mucho hacia arriba, hacia Estados Unidos, y no hacia abajo, donde hay una riqueza impresionante.”

Pone como ejemplo Otro Padre, la serie de Netflix protagonizada por varios amigos suyos: “Qué bonito que están haciendo ya otra cosa, con actores nuevos, jóvenes, donde se ve la calidad local y tranquilamente puedes competir con países como Europa o Estados Unidos.” Y resume, sin rodeos, el lugar que ocupa la capital mexicana en su mapa profesional: Ciudad de México, dice, es como Los Ángeles de Latinoamérica, el punto de paso obligado para cualquier artista de la región con ambiciones internacionales.
Por lo pronto, a Abad todavía le quedan entre un mes y mes y medio de rodaje en Lima antes de volver a instalarse en México. “Espero que salga algo en México próximamente y poder seguir trabajando ahí”, dice, ya pensando en los tacos que lo esperan —y en el pozole de las próximas fiestas patrias— de regreso a la que, insiste, es su casa.