El gran laboratorio verde del entretenimiento en vivo

En el tercer mercado de música en vivo más importante del planeta, la promotora mexicana convierte sus festivales y recintos en pruebas a gran escala de sostenibilidad, inclusión y seguridad. Su nuevo Informe de Sostenibilidad 2026 revela los números detrás del escenario

Fotos Cortesía OCESA

Llueve sobre la Ciudad Deportiva de la Magdalena Mixiuhca. Sesenta y cinco mil personas corean al unísono mientras el agua golpea la cubierta del Estadio GNP Seguros. Lo que casi nadie sabe es que esa misma lluvia terminará en los sanitarios del recinto. Cincuenta y seis captadores distribuidos en 13,800 metros cuadrados de techo la conducen hasta una cisterna de 400 mil litros, desde donde se bombea a todos los servicios sanitarios del estadio. En lo que va de 2026, el sistema ha permitido reutilizar 860 mil litros de agua.

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“Una barbaridad”, resume María Fernanda Martínez, directora de Comunicación y Relaciones Públicas de OCESA. La escena funciona como metáfora de lo que la compañía busca con toda su operación: que el espectáculo, además de emocionar, deje una huella menor y una marca social mayor.

El mundo quiere conciertos

Tras la pandemia, la música en vivo vivió una explosión sin precedentes. De acuerdo con Pollstar, las 100 giras más taquilleras del mundo recaudaron 9,500 millones de dólares en 2024, un récord histórico, y 8,900 millones en 2025, todavía 60.8% por encima de 2019. En la primera mitad de 2026 vendieron más de 26.3 millones de boletos, 12.8% más que un año antes. Live Nation Entertainment, socio mayoritario de OCESA, reportó ingresos récord de 25,200 millones de dólares en 2025.

México ocupa un lugar protagónico en esa ecuación. Ya es el tercer mercado de entretenimiento en vivo del mundo, solo detrás de Estados Unidos y Reino Unido, con un impacto económico cercano a los 68,990 millones de pesos en 2025. Solo en la operación de OCESA, se estima que 5.5 millones de visitantes internacionales viajaron al país motivados exclusivamente por espectáculos en vivo. La promotora organizó más de 800 shows en 2025, reunió a más de 13 millones de asistentes, opera 14 inmuebles en el país y trabaja con más de 1,600 proveedores de 116 sectores económicos.

El precio de la fiesta

Pero la euforia tiene un costo ambiental, y la industria global lleva algunos años enfrentándolo. Coldplay se propuso reducir a la mitad las emisiones de su gira “Music of the Spheres”, con energía verde, baterías recicladas de BMW, pulseras LED reutilizables y pisos cinéticos que generan electricidad con los saltos del público. Billie Eilish trabaja con la organización Reverb para ofrecer comida vegetal, promover botellas reutilizables y donar alimentos en cada parada de sus giras.

Sin embargo, la conversación está cambiando de foco. Un estudio de la Universidad de Cambridge publicado este verano encontró que los desplazamientos del público representaron el 97% de las emisiones de la gira europea de Coldplay en 2024. La huella de un concierto ya no se mide solo en lo que ocurre sobre el escenario, sino en cómo llegamos a él.

Festivales como laboratorios

Es ahí donde la estrategia de OCESA encuentra su lógica. “Lo que te permite el entretenimiento en vivo, al ser una industria que atiende a tanta gente al mismo tiempo, es que puedes probar iniciativas y saber cuáles tienen un mayor efecto, tanto en las personas como en el medio ambiente”, explica Martínez. “Vemos nuestros eventos como grandes laboratorios de sostenibilidad”. La estrategia se sostiene en tres pilares, ambiental, social y de gobernanza, y la supervisa un Comité ESG que sesiona cada trimestre.

María Fernanda Martínez, directora de Comunicación y Relaciones Públicas de OCESA

Los resultados del periodo de junio de 2025 a julio de 2026 dan forma concreta a ese discurso. En alianza con Hagamos Composta, OCESA separa los residuos orgánicos en todos sus festivales del Autódromo Hermanos Rodríguez, del Vive Latino al Coca-Cola Flow Fest.

En el periodo se reciclaron más de 100 toneladas de residuos y se compostaron más de 89 toneladas de materia orgánica, lo que evitó la emisión de más de 11,286 kilogramos de CO₂ equivalente, el carbono que absorben 186 árboles durante diez años.

Algunas soluciones son sorprendentemente sencillas. La política “No latas” recupera los envases de aluminio antes de que lleguen al público. En Corona Capital 2025, las activaciones de patrocinadores compartieron generadores eléctricos, lo que redujo cerca de 12% su huella de carbono; el modelo ya se replicó en EDC México y Coca-Cola Flow Fest. En Tecate Emblema 2026, la separación de residuos y los materiales compostables recortaron 13.86% los desechos enviados a rellenos sanitarios.

La economía circular también tiene su lado creativo. Corona Capital utiliza desde 2019 bloques de sargazo en su mobiliario, que después se donan a comunidades locales. Las camisetas conmemorativas de PET reciclado ahorraron más de 591 mil litros de agua frente al algodón convencional, y las lonas de festivales pasados se convierten en bolsas Monalona.

 En Corona Capital, el proyecto Taller Abierto emplea a mujeres migrantes para confeccionar llaveros y correas para perro, una muestra de cómo la circularidad también puede generar ingresos para poblaciones vulnerables. Además, se han escaneado 31 millones de boletos digitales SafeTix desde finales de 2023. Para Martínez, el impacto va más allá del papel: cuando un aficionado con un celular de gama media aprende a descargar su boleto, “te habla de una educación digital, de cerrar una brecha que antes no pensabas que se podía cerrar”.

En certificaciones, Corona Capital cuenta con la ISO 20121 de gestión sostenible de eventos y el Flow Fest está en proceso de obtenerla. El Centro Banamex fue el primer recinto de Latinoamérica con la certificación EarthCheck, redujo 35% sus emisiones operativas y reutiliza hasta el 80% de su agua tratada. En la Fórmula 1, los mingitorios secos ahorran unos 45 mil litros de agua por edición, y en la Curva 4 del Autódromo la iluminación solar y LED ya alcanza cerca del 80% de cobertura durante los festivales.

El estadio que bebe de la lluvia

El Estadio GNP Seguros es la vitrina más visible de esta transformación. Desde su reapertura en agosto de 2024, más de siete millones de personas han asistido a 121 conciertos y eventos, e IQ Magazine le otorgó el reconocimiento Stadium Star en 2025 y 2026. Además de su sistema pluvial, el recinto gestionó cerca de dos mil toneladas de residuos, de las cuales más de 180 fueron recicladas o valorizadas. “Hay inmuebles que, cuando los remodelas, te permiten colocar la sostenibilidad en el corazón”, explica Martínez.

El estadio también alberga el Centro de Mando, con más de 1,300 cámaras de última generación y tecnología predictiva con inteligencia artificial para anticipar fenómenos meteorológicos, sísmicos y de movilidad. Desde ahí se supervisan los eventos de todos los recintos que OCESA opera en el país. “La seguridad en un evento masivo la hacemos entre todos”, subraya la directiva.

Nadie se queda afuera

Si hay un terreno en el que OCESA quiere hacer más ruido, es el social. “Tenemos muchas iniciativas, pero no toda la gente las conoce”, reconoce Martínez. El programa Anfitrión Incluyente, con personal capacitado en colaboración con CONAPRED, acompaña sin costo a personas con discapacidad desde el ingreso hasta la salida; basta con escribir por WhatsApp o correo. Solo en el Estadio GNP Seguros, más de 4,000 personas lo han usado en lo que va de 2026.

VIBRA, de Fundación OCESA, lleva la música en vivo a personas sordas mediante chalecos sensoriales e interpretación en Lengua de Señas Mexicana; en el último año participaron 760 personas.

En los festivales, los Puntos Violeta atienden casos de acoso y violencia de género, y Oasis by Mindsurf ofrece contención psicológica y descanso sensorial. Fundación OCESA benefició a más de 37,600 personas, y el concierto gratuito de Shakira en el Zócalo reunió a más de 400 mil asistentes, un récord para la plaza. “El Zócalo hoy es el estadio más grande de México”, dice Martínez.

EDC 2024

La inclusión también pasa por la diversidad cultural. En Pulso GNP participan artesanas de Amealco con sus muñecas Lele y representantes de Pueblos Mágicos de Querétaro, mientras que en Corona Capital se venden productos de comunidades artesanales de Chiautempan, Tlaxcala. En el escenario, Los Pream llevaron las culturas originarias al Vive Latino 2026 y la Banda Femenil Mujeres del Viento Florido hizo lo propio en HERA.

Lo que falta: medir todo

El informe no evade sus pendientes. OCESA mide hoy sus emisiones de alcance 1 y 2, las directas y las asociadas a la energía que consume, pero todavía no el alcance 3, el de su cadena de valor, que incluye el traslado del público. “Creo que el próximo año ya vamos a estar en condiciones de compartir la huella integral de nuestra operación”, adelanta Martínez.

Sus metas hacia 2030 incluyen reducir los residuos que terminan en disposición final, llevar la economía circular a toda la cadena de valor y exigir estándares ambientales a proveedores y patrocinadores. En movilidad, ya logró que el Metro extienda una hora su servicio en ciertos conciertos y opera Ticket2Ride, un servicio de traslado colectivo.

Martínez es franca sobre las particularidades de su industria: es difícil comprometerse a porcentajes fijos cuando no se sabe cuántos festivales o shows habrá el próximo año, ni qué tan comprometido estará cada artista. Aun así, ve un cambio claro.

“A diferencia de hace 12 meses, la sostenibilidad ya está en la agenda de las empresas”, afirma. Por eso el informe está dirigido también a patrocinadores y socios de negocio. Y sobre el costo, aclara que en los festivales la sostenibilidad no implica necesariamente más inversión, sino reacomodar la que ya existe.

El espectáculo que viene

En derrama económica e impulso al turismo, el entretenimiento en vivo en México está muy avanzado; en medición y compensación, todavía falta camino. Martínez pone como ejemplo lo que llama la derrama que ocurre alrededor de los recintos: los vecinos que rentan su cochera o sacan una mesa para vender comida el día del concierto, una economía que también genera valor para la comunidad.

“Pero desde mi opinión, no necesitas ser académico para gestionar el cambio”, concluye Martínez. En un mundo donde la música en vivo rompe récords año con año, la pregunta ya no es si los conciertos seguirán creciendo, sino cuánto le costarán al planeta y cuánto le devolverán a la gente. Al final, el mejor show es el que deja algo más que un recuerdo.

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